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Los
primeros habitantes de la ciudad pertenecieron al grupo de
las tribus celtibéricas de la Hispania Citerior, en principio
la menos belicosa de ellas, conocida como la tribu de los
Lusones, así denominada por las fuentes donde aparece citada
entre los que se encuentran como mas relevantes Estrabón,
Plinio y sobre todo Marcial, el mas ilustre de los bilbilitanos.
El
primer contacto entre los Lusones y los futuros conquistadores
se produjo, seguramente en el siglo II a. C., cuando Quinto
Fulvio Flaco se encomienda en la tarea de establecer una ruta
segura entre la Celtiberia y la Costa Mediterránea. Poco después
con la llegada de Tiberio Sempronio Graco, conquistador y
sobre todo pacificador de la zona, si se produjo un contacto
directo. Poco dura esa paz ya que en el año 156 a. C. la guerra
vuelve a enfrentar a romanos con las tribus celtibéricas,
guerra que culmina en el 133 con el sitio y la posterior toma
de Numancia por parte de Escipión el Africano, pero que se
origina muy cerca de la Bílbilis indígena.
La
ciudad a la que nos referimos es la antigua Segeda, ciudad
también celtíbera, capital de una de las tribus de este pueblo,
los Belos, situada en el actual Belmonte de Gracian. Poco
o nada se sabe del papel protagonizado en ese momento por
la Bílbilis celtíbera. Cabe la posibilidad de que auxiliaran
a sus vecinos al menos brindándoles paso hasta Numancia. Sea
como fuere, el origen de los Lusones es desconocido en la
actualidad, pero a partir del Siglo I a.C. se atestigua su
posición de acercamiento a Roma. Esto provocará la llegada
de colonos itálicos hasta la Bilbilis indígena atraídos por
intereses económicos y estratégicos que la fueron modelando
en su morfología hasta convertirla en una ciudad romana.
Durante
el conflicto entre Sertorio y Metelo, la ciudad fue conquistada
por el primero en el año 77 y posteriormente recuperada por
las tropas de Metelo en el año 74 Bílbilis toma partido por
las tropas cesarianas durante la guerra civil entre Pompeyo
y César, algo de lo que claramente se beneficiará posteriormente.
Poco a poco, la cultura romana, su lengua y costumbres fueron
adentrándose y adueñándose de una cultura indígena hasta asimilarlas
a los modos de vida romanos. No obstante la cultura celtíbera
no se apagó algo que demuestra la arqueología con evidencias
materiales.
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