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La
presencia de la Compañía de Jesús en Calatayud desde 1584,
en que se inaugura el primer colegio hasta la expulsión en
1767, ha dejado en la ciudad, además de la iglesia de San
Juan el Real, el antiguo Seminario de Nobles (hoy Hospital
Municipal) y el colegio de la Compañía (hoy Hospicio Provincial).
La iglesia, que bajo los jesuitas estuvo dedicada a la Virgen
del Pilar, recibió la advocación de San Juan Bautista en 1770,
cuando se trasladó a ella el culto de la antigua parroquia
de San Juan de Vallupié, que se encontraba en estado ruinoso
y hoy ya desaparecida. La iglesia responde al prototipo jesuítico
de planta de cruz latina, con capillas entre los contrafuertes,
comunicadas entre sí, y con tribuna sobre las mismas. Se aboveda
con lunetos y cúpula sobre pechinas para el crucero, destacando
la gran concha o venera que cubre el presbiterio.
Por
su ornamentación y decoración de yeserías abultadas constituye
uno de los interiores barrocos más fastuosos de Aragón. Es
difícil determinar las etapas constructivas, que cobrarían
auge a partir del importante legado realizado en 1665 por
Pedro Pujadas, según ha documentado Rubio Semper. Tras la
expulsión de los jesuitas, todavía se edificó la torre, entre
1774 y 1777, con cargo a otro legado de mosén José Jimeno,
beneficiado de Ateca. La torre presenta en alzado tres cuerpos,
de planta cuadrada, ochavada y octogonal, respectivamente,
rematada en chapitel bulboso; pone un contrapunto de gallardía
a las torres de Santa María y San Andrés.
Del
tesoro artístico merecen destacarse dos piezas procedentes
de la parroquial de San Juan de Vallupié. Una es la sillería
mudéjar para presbítero, diácono y subdiácono, realizada en
1456 por los maestros moros, los hermanos Farax el Rubio y
Brahem el Rubio. Otra es la talla de San Juan Bautista, en
el retablo mayor, que procede del de la antigua parroquial
de San Juan de Vallupíé, actualmente en el pueblecito de Sediles.
Ángel San Vicente ha documentado este retablo, al que corresponde
esta escultura, como obra importantísima de los escultores
renacentista Damián Forment y Juan de Moreto, realizada entre
1534 y 1536. Aún merecen destacarse una Inmaculada, óleo sobre
lienzo del siglo XVIII, la carpintería de puertas y calajes
de 1 sacristía, y una notable colección de platería barroca.
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