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Se
ignora la fecha y circunstancias de su primera fundación,
así como cuándo se elevó al rango de colegiata. Tradicionalmente
se cree levantada sobre el solar de la mezquita en la aljama
musulmana, a partir de la reconquista en 1120, siguiendo la
costumbre de instalar el templo principal de la ciudad en
la antigua mezquita.
Conocida
con la advocación de Santa Maria la Mayor, anteriormente de
Mediavilla, en la limitación de parroquias del obispo García
Frontín realizada en 1253 está considerada como parroquia
mayor de la ciudad e iglesia de la nobleza. La fábrica más
antigua de que existe noticia documental sería la consagrada
en 1249 por el arzobispo de Tarragona Pedro Albalate. Nada
queda de ella en la actual fábrica. Lo más antiguo de la colegiata
es el claustro mudéjar, de planta rectangular con nueve tramos
en las galerías mayores y cinco en las menores, todo de gran
sobriedad, en ladrillo, con contrafuertes prismáticos y bóvedas
de crucería sencilla; al mismo estilo corresponde la sala
capitular vieja, de planta cuadrada, con una monumental portada
en arco apuntado flanqueada por dos ventanales de arcos gemelos
túmidos, elemento formal poco frecuente.
Sabemos
que el papa Benedicto XIII fundó en el año 1412 un estudio
de teología en el claustro de Santa María, que ya estaba construido,
A partir del año 1967 este claustro ha sufrido una restauración
poco adecuada, que lo ha desvirtuado en buena medida, especialmente
al cerrar sus arcos con modernas celosías con lazos de seis,
Aparte del claustro, la fábrica mudéjar de Santa María se
advierte únicamente en el ábside poligonal con arcos apuntados
en su parte inferior y de medio punto en galería corrida en
la parte alta, y en la monumental torre octogonal, adosada
a la izquierda del ábside, Esta torre mudéjar de Santa María
presenta la misma estructura que la de San Andrés, alojándose
una capilla en la parte inferior, y sobre ella una torre'
interior, de pared liviana y planta octogonal, permite el
desarrollo de las escaleras entre ella y la torre exterior.
Aunque La Fuente dató la parte baja de esta torre en el siglo
XIII, puede que toda la fábrica corresponda a fines del siglo
xv y siglo XVI. Los contrafuertes le confieren aspecto más
robusto que el de la de San Andrés, más sutil, ligera e íntima.
Desaparecida la famosa Torre Nueva de Zaragoza, tas torres
campanario de Calatayud son los mejores ejemplos del mudéjar
aragonés protorrenacimento.
Después
de las huellas mudéjares destacan Santa María las renacentistas.
Lo fundamental está constituido por su magnífica portada retablo
y las puertas, contratadas en el 1525 por los escultores Juan
de Talavera y francés Esteban de Obray o Veray, y terminadas
en 1528. Obra en alabastro de Fuentes Jiloca, sólo comparable
a la portada de San Engracia de Zaragoza, está concebida a
modo de retablo, con cuerpo principal y ático, flanqueados
por las características columnas abalaustradas; la puerta,
abierta en arco de m dio punto, presenta la rosca adornada
con cabezas de querubines. La imaginería principal de la portada
dispone en las jambas las efigies de San Prudencio, San Roque
y Santa Lucía a la derecha, y las de Santa Catalina, Santiago
y San Iñigo a la izquierda; sobre el arco, la Virgen con niño
en mandorla de querubines y flanqueada por dos ángeles, ya
los lados, en grandes hornacinas aveneradas, las magnificas
esculturas de San Pedro y San Pablo, con otras más pequeñas
de los Santo Juanes; por último, en el ático, el relieve d
Pentecostés. Una decoración excepcional d grutescos flanquea
el cuerpo principal a modo de polsera. Las puertas, de madera
de roble nogal, con decoración de grutescos en candeliere
y un relieve de la Anunciación, son obra personal de Esteban
de Obray.
La
portada se restauró en 1886, bajo la dirección del arquitecto
Ricardo Magdalena y ejecución de escultor Dionisio Lasuén,
afectando especial mente a las imágenes de las jambas y a
la de San Juan Evangelista; las puertas se restauraron en
1917 en el taller de los Albareda de Zaragoza, y se reinstalaron
en 1927. En el interior, la colegiata actual ofrece un amplió
y desahogado espacio, formado por tres naves de la misma altura,
del tipo de planta de salón, separadas por pilares cruciformes
de orden toscano. Son cuatro tramo en total, con la nave central
cubierta con cúpula con linterna sobre tambor en el tramo
de crucero, ante el ábside, y con casquetes elípticos sobre
pechinas en los otros tres, mientras que las naves laterales
se cierran con bóveda de aristas. Esta disposición responde
a las importantes obras de remodelación, realizadas hacia
1611 (crucero y presbiterio), por la misma época y con el
mismo estilo de sobriedad protobarroca de raíz escurialense
que la colegiata del Santo Sepulcro. A esta misma época corresponde
la sala capitular nueva, alojada en el lado norte del patio
del claustro mudéjar, antes mencionado. En el siglo XVII se
abrieron importantes capillas laterales, entre las que destaca
la de San Joaquín, a los pies de la nave central.
Conjuntos
barrocos de gran interés son el coro, con el ambicioso trascoro,
y la sacristía. Ante la imposibilidad de mencionar todo el
tesoro artístico de la colegiata, nos limitamos a lo de mayor
nota. El retablo mayor, obra en madera dorada y policromada,
es un buen ejemplo de la escultura romanista del taller de
Calatayud; su mazonería se ensamblaba en 1614, y quedaba inaugurado
en 1617. El estudioso Agustín Rubio Semper lo atribuye al
mazonero Jaime de Viñola, al escultor Pedro de Jáuregui y
al pintor Francisco Florén. La arquitectura del retablo, de
Jaime de Viñola, presenta estrecho parentesco con la del retablo
mayor de la catedral de Tarazona, del mismo autor. Obra de
grandes proporciones, consta de sotabanco, banco y cuerpo
de tres calles, separadas por dos entrecalles, y organizado
en tres pisos, dedicado a temas marianos. Se advierte que
el grupo central, dedicado a la Asunción de la Virgen, es
obra posterior, barroca y muy movida, que se debe al escultor
bilbilitano Gabriel Navarro, y ejecutada hacia 1770 a expensas
del canónigo José Mateo.
De
gran interés son asimismo algunos retablos de las capillas
laterales. Entre ellos destaca el de la Virgen Blanca, cuya
titular es una talla gótica policromada, del siglo XV, y que
centra un retablito plateresco del primer tercio del siglo
XVI, de pintura sobre tabla; que a su vez está enmarcado por
otro retablo manierista, del primer tercio del siglo XVII.
La capilla de San Juan Bautista, costeada por doña Maria Ángela
de Sessé (+ 1691) alberga buena pintura sobre lienzo, tanto
en el retablo como en los muros laterales (Degollación del
Bautista, Predicación y Banquete de Herodes). El Bautismo
de Cristo del ático se considera una copia que el pintor Bartolomé
Vicente hiciera del mismo tema de Juan Carreño para la iglesia
de Santiago de Madrid. Pero la mejor pintura barroca de la
colegiata se encuentra en la mencionada capilla de San Joaquín;
el lienzo central del retablo, dedicado á San Joaquín, Santa
Ana y la Virgen, es obra del pintor madrileño Bartolomé Román,
y va firmada y fechada en 1645.
Por
otra parte, los dos grandes lienzos, de formato apaisado,
de los muros laterales de esta capilla, con los temas de la
Adoración de los Reyes y la Adoración de los Pastores, son
obra firmada y fechada del pintor Pedro, Aibar Ximénez en
el año 1684. Buena parte del arte mueble de la colegiata,
particularmente la platería y retablos de pintura gótica sobre
tabla, se exhiben actualmente en el nuevo Museo de Arte Sacro,
inaugurado en 1971, en las dependencias del palacio episcopal.
Interesan sobremanera la magnífica colección de primitivos
aragoneses, con tres importantes retablos del siglo xv, que
no están documentados, y sobre los que damos la autorizada
opinión del especialista en pintura gótica de la escuela de
Calatayud, Fabián Mañas Ballestín. Según Mañas, el retablo
de la Adoración de los Reyes está en contacto con la influencia
de la pintura valenciana, rechazando su atribución al pintor
Tomás Giner, y relacionándolo con la obra que Jaime de Valencia
hiciera en 1462 para la iglesia de San Pedro de los Francos
de Calatayud. El retablo de San Isidoro, San Ambrosio y San
Nicolás lo atribuye Mañas a la producción inicial del pintor
Domingo Ram, realizado poco después de 1470. Por último, del
retablo de San Vicente piensa Fabián Mañas que el titular
es de mano diferente a las tablas laterales de San Juan Bautista
y María Magdalena, que corresponderían al retablo que Domingo
Ram y Bartolomé Verdeseca realizaron en 1507. |