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Iglesia
declarada monumento histórico-artístico por R.O. de 4-VIII-1875,
y de nuevo por decreto de 3-VI-193I. En ella se celebraron
cortes aragonesas en 1411, por la cuestión sucesoria planteada
a la muerte de Martín el Humano, que se resolvería en el compromiso
de Caspe, y de nuevo en 1461, en las que se juró como príncipe
heredero de la Corona de Aragón a Fernando. Construida en
el siglo XIV, es un prototipo mudéjar de enorme interés, ya
que tiene planta de tres naves, casi de la misma altura, con
crucero alineado, y tres ábsides poligonales; consta de tres
tramos, y las naves se cubren con bóvedas de crucería sencilla
y los soportes, que las separan, son pilares fasciculados.
La
decoración mudéjar se concentra en el ábside central, enmascarado
por edificios civiles. La portada, a los pies del templo,
es de piedra sillar, relacionable con la de Santa María de
Maluenda, y en estilo gótico levantino, de la segunda mitad
del siglo XIV, con puerta en seis arquivoltas apuntadas, y
las esculturas de San Pedro y San Pablo en las jambas, mientras
que en el tímpano aparece la Majestad entre la Virgen y San
Juan.
A
la derecha de la portada se alza la torre mudéjar, de planta
cuadrada, desmochada en 184O, con el pretexto de que debido
a su inclinación peligraría la vida de la familia real que
se hospedó en tal fecha en el frontero palacio del barón de
Warsage. El retablo mayor, dedicado a San Pedro, recibía el
dorado en el año 1654 por los pintores Lobera de Calatayud;
Rubio Semper lo atribuye al taller de Pedro Virto y Bernardo
Ibáñez. Excepcional interés ofrece el mueble del órgano, obra
de carpintería mudéjar de fines del siglo XV y relacionable
con los trabajos del organero Miguel de Monreal, que en 1498-99
realizaba otro para la colegiata de Santa María. Ángel San
Vicente ha documentado el trabajo de platería que en 1548
realizó el orfebre bilbilitano Jerónimo de la Mata, hoy día
todo conservado en el Museo de Arte Sacro, y se trata de una
cruz procesional con su bordón, dos centros de plata y dos
candeleros.
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